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GUZPEÑA |
| La imagen vital. En el año de 1984 mientras leía el libro de Herbert Read “Imagen e idea”, realicé una serie de anotaciones en torno a las reflexiones que el escritor manifestaba en su libro, anotaciones que mezclan pensamientos allí reflejados, con esbozos de ideas que desarrollaba durante su lectura. Cierto es que todo lo que caía en mis manos era escudriñado con desaforada voracidad y a partir de las lecturas que realizaba trataba de reflexionar, aceptando o discutiendo lo que teóricos o literatos reflejaban en sus ensayos o novelas. Por el año 1984 tenía veinte años, edad en la que la pasión domina a la razón y en la que las ideas toman un carácter contestatario con o sin fundamento. He recuperado aquellas anotaciones, y me dispongo, unos cuantos años después, a revisar lo escrito y así poder ahondar en las profundidades de la juventud, sin dudar en ningún momento que en ese tiempo se encuentra, no la experiencia, pero si la esencia vital, el origen. La visión individual y personal que cada ser humano realiza de los diferentes aspectos del mundo que le rodea forma en la mente una amalgama de imágenes que preceden a la reflexión y al conocimiento. La experiencia visual es anterior al pensamiento. Esta amalgama de imágenes, una vez interiorizada por la persona, se independiza y se organiza según esquemas internos individuales. El arte nace como fruto de una necesidad vital, su origen está en una experiencia interior y se enmarca en una circunstancia exterior; necesidad y experiencia que están en relación con la forma de vida de la persona. Las necesidades de subsistencia originan impulsos vitales que generan necesidad vital artística. Todo arte que responda a la necesidad vital o necesidad espiritual del artista se considerará como arte maduro. El arte no nace para cumplir una función conveniente de beneficio externo, el arte surge de un sentimiento interno. Cuestión importante es que la circunstancia externa crea en el individuo necesidades diferentes en cada época y de ahí la variedad de formas y estilos y por supuesto de personalidades. De esta forma se determina que no se puede contemplar el arte como algo lineal que evoluciona a través de la historia. Una vida de artista es toda una etapa e incluso cada obra puede ser un periodo. El arte llega a su cima cuando se cumplen los requisitos de una necesidad espiritual y vital que fue forjándose lentamente en un ambiente social, cultural y natural determinado. Por lo expuesto, no se puede decir que el arte prehistórico es un arte no maduro. El arte prehistórico no surgió por casualidad, nació motivado por una necesidad de supervivencia en un ambiente hostil. Nació como respuesta interna del ser humano ante una necesidad, la supervivencia, respuesta interior que fue creada por una determinada circunstancia. La necesidad vital se transforma en magia, y la respuesta mágica está en el origen de la actividad artística. La creación artística puede definirse como la realización mediante formas recogidas del interior humano de obras significativas o simbólicas. La obra de arte se desarrolla a partir de un conjunto de sensaciones vivencia que se van creando en el seno de una circunstancia determinada y que se plasman en una obra, que es el fruto de una necesidad interior. La obra de arte no trata de imitar la realidad exterior, sino que plasma una vivencia interna. El arte no ha evolucionado, porque el arte es la realización simbólica de una necesidad. Cuando una obra de arte responde a una necesidad llega a las altas cotas de la mejor de las obras de arte. La realidad penetra en nuestro cuerpo, nos llena con sus formas y nos absorbe con su frescura. Nuestro cerebro consciente o inconscientemente analiza y selecciona formas y sentimientos, se registran miedos, afanes y todo tipo de sensaciones vivencia o sentimientos imágenes. Llega un punto en el que el pensamiento se despega de la naturaleza para crear otra naturaleza. Esta amalgama va creando una necesidad interior individual, personal y única, que se descarga en la obra de arte. El arte no nació como antecedente comunicativo anterior a la palabra. El arte como tal es algo instintivo, una necesidad mágica fruto de una necesidad vital. Tomar postura ante una necesidad y darle respuesta supone el paso decisivo del instinto animal a lo reflexionado. El origen del arte puede estar en la separación de espacios y tiempos y en el deseo de atrapar una imagen que está en la memoria, una imagen obsesiva porque es necesaria. Imagen que es diferente a la realidad, imagen que debe ser interpretada por el artista. Este deseo primario pretende que la imagen mental sea algo real. Este deseo mágico está presente en el nacimiento del arte. Esa necesidad de conseguir el animal da como resultado el rito que tiene como finalidad influir en la realidad. El arte nace como resultado de una necesidad interior impuesta por una circunstancia exterior. El arte no debe ser ajeno a su tiempo. No se puede comparar el nacimiento y evolución del arte prehistórico con las diferentes etapas del desarrollo del dibujo infantil. La necesidad no es la misma. Se pueden encontrar semejanzas, pero el niño de hoy en día no responde a los mismos impulsos y estímulos y no posee las mismas sensaciones de aquel hombre primitivo marcado por una fuerte obsesión. El niño de nuestro tiempo que empieza a garabatear está inmerso en un mundo de comunicación y conocimiento directo y aquel hombre respondía de forma primitiva a una necesidad. La simplificación de las formas no es la evolución de una primera etapa más naturalista. Más bien serían formas diferentes según la necesidad, una basada más en lo exterior y otra más interior o simbólica. La imagen obsesiva del animal y la obsesión por su caza es lo que está en la base del origen del arte y las diferencias de estilo vendrían marcadas por las diferentes necesidades de ambiente. El arte fue una pieza clave en la lucha por sobrevivir. Aún hoy está en la base del conocimiento y a través del arte se conservan a punto las sensaciones. Cada época marcará un arte, periodos que traerán deseos de belleza y serenidad y otros más desasosegados. Y en todas las época las obras de arte deben poseer una vitalidad propia. La nada no puede comandar los destinos del arte. ![]() "Ambrosía". Acrílico sobre lienzo. 89x116. 2007. |
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Enrique Rodríguez Guzpeña |