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GUZPEÑA |
| Buscador de tesoros Cuando nuestra mirada se encuentra con las pinturas de Ignacio y camina por sus paisajes profundos y silenciosos, es inevitable que nuestros sentidos no queden perturbados ante el intenso estallido de sentimientos que sus obras transmiten. El tiempo no puede borrar aquello que fue concebido en un acto vital, verdadero; la luz de lo auténtico permanece inalterable en su obra, iluminando los territorios de la noche, la oscuridad de la ausencia. La soledad de sus figuras, transeúntes en movimiento, caminando hacia su destino a través de mundos mágicos, emocionan y conmueven. Son señales de esa voluntad de viajar a la frontera última de la experiencia, cada obra es un paso más, nunca el final. Viajeros, la vida humana no es otra cosa que un viaje. El protagonista en gran parte de su obra es el hombre, el que se angustia ante la profundidad de lo desconocido, el que percibe su insignificancia ante la naturaleza que lo envuelve, y el que siente la soledad ante los demás. Pintar es comenzar una aventura de recorridos inciertos. Partiendo de un esquema global predeterminado, fruto de una precisa reflexión previa, trataba de sustentar, con excelente dibujo, el equilibrio de la composición, el alma del cuadro. Después la pintura se abandonaba a los territorios de lo espontáneo, del gesto libre, de la libertad. Artista de carácter inconformista con lo fácil, amante de la verdad, trabajador de ejecución apasionada. Siempre enfrentándose a la experimentación como el fundamento para aprender, para mejorar. Buscador de tesoros en las fuentes del monte Helicón para crear un mundo misterioso en el que “la línea y la mancha sueñen con gesto humano”. A Nacho. ![]() "Un año después". Acrílico sobre lienzo. 114x146. 2004. |
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Enrique Rodríguez Guzpeña |