UNA TARDE EN EL MUSAC.
No era la tarde ideal para salir de casa, pero parece que en estas últimas semanas si tenemos que esperar a que deje de llover, y después a que deje de hacer frío, la verdad es que no vamos a salir nunca. Así que sin hacer caso del temporal nos armamos de paraguas, y de una cierta dosis de valor, y nos planteamos el desafío de visitar el Musac. Sentía una especie de vergüenza, vivir en la provincia de León, dedicarme a la pintura, hacer viajes a Madrid para ver cuadros, y resulta que lleva año y medio funcionando el “fabuloso” Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, y yo sin aparecer por allí. Pero ahora no pensaba dejar la oportunidad de ver las exposiciones de Felicidad Moreno y de Daniel Verbis. Eran dos nombres con la suficiente entidad (mi desconocimiento hace que no diese demasiado valor a priori al resto de exposiciones) como para no perderse la posibilidad de examinar de cerca sus planteamientos plásticos en el espacio del Museo. De Verbis ya había visto algo, pero de Felicidad Moreno tenía un amasijo de imágenes que las visitas esporádicas a Madrid o las fotos de las revistas de arte habían dejado en mi cabeza, aunque en algunas fotos recientes la obra de Felicidad Moreno me pareció altamente interesante.
Nos dirigimos hacía la taquilla para sacar las entradas. Situación extraña, el acceso es gratuito, increíble pero cierto. El MUSAC es de los pocos espacios culturales donde no hay que echar mano de la cartera. Siempre pensé que este tipo de lugares debían ser gratuitos, pero está uno tan acostumbrado a pagar que mi planteamiento inicial se había modificado. Y es que lo que me molesta es que en mi tierra seamos tan espléndidos como si el dinero sobrase o dicho en otros términos “seamos tan chulos”. No vendría mal cobrar algo aunque fuese una cantidad simbólica y utilizar ese dinero para amortizar algún gasto o para invertirlo en promoción de nuestros artistas, que nunca sobra. En otras partes así lo hacen y no sucede nada extraordinario, si nos interesa ver algo lo pagamos. Como se suele decir o se paga en todas partes o no se paga en ningún sitio.
La persona de la taquilla amablemente nos indica que dentro de una hora habrá una visita guiada y haciendo alarde de mi orgullo, que a veces se manifiesta sin quererlo, rechazo la propuesta ante mis acompañantes, voz en alto, diciendo que es mejor la visita tranquila, sin rollos que soportar. Esta uno mejor callado, es evidente, la guía, sin yo saberlo estaba delante y mi sonrojo fue manifiesto. Que esté uno dentro del mundo del arte no quiere decir que cualquier aportación no sea valiosa. Mis excusas tratan de arreglar una situación innecesaria.
Comenzamos la visita con la exposición de la obra de la pareja Muntean/Rosemblum. Muy buena pintura, sorprendente. No me esperaba algo tan sencillo de lo que se puede aprender tanto. Analizo las obras no adentrándome en contenidos sociales o filosóficos, ni teórico-conceptuales.
Se trata de una exposición de grandes formatos. La apariencia general de los cuadros es de una gran limpieza y claridad. Están hechos sobre lienzo grueso tipo lonetta, con una imprimación, a veces tan espesa, que en la mayoría de las obras no permite apreciar en superficie la textura de la tela.
El dibujo está realizado con gran perfección y posiblemente sea el resultado de la proyección de una fotografía, a partir de la cual se han remarcado los contornos, que están realizados a grafito. A mi entender no se ha usado carboncillo, lo que permite conservar ligereza y finura en el trazo. El trazo del lapicero no desaparece en su totalidad con la aplicación de la pintura, ni siquiera la imprimación blanca del fondo. No se realiza un exhausto análisis de detalles sino que el dibujo sirve solamente para dar soporte a la pintura posterior. El resultado de dejar que se vean restos de lápiz entre la pintura es bastante aceptable y le da mucha soltura y ligereza a la obra. Por otro lado el no cubrir en su totalidad la superficie del lienzo con la pintura consigue un efecto ligero y con unas cualidades plásticas increíbles.
La composición del cuadro es totalmente clásica, parece como si nos encontrásemos delante de alguna de las obras de grandes pintores, con santos, vírgenes y mártires, pero en este caso se han sustituido por adolescentes. Tanto los gestos corporales como la expresión de los rostros son totalmente inexpresivos, parecen ocultar cualquier rasgo de sentimiento o de emoción.
También destacar que los cuadros van acompañados de texto, para dar un carácter conceptual, textos que sin tener a veces una relación especial con la imagen tratan de añadir el matiz necesario para su comprensión o para la reflexión del espectador. Pero lo realmente importante es el modo y manera de trabajar la pintura sobre el lienzo, muy cerca del modo clásico, es decir sin caer en el detallito, con pincelada amplia, sugiriendo los efectos más que haciéndolos. La pintura se encuentra muy diluida y se extiende en pinceladas únicas y sueltas. Evidentemente para conseguir este efecto el dibujo inicial tiene que estar definido y éste tiene que haber marcado previamente las zonas de luz y sombras.
El color también está muy matizado, utilizando grises y ocres, y bastante blanco. Los colores están agrisados y en cada obra se introduce fuerza reservando color más puro para algunas zonas, sobre todo vestuario. El color puro o semipuro sólo se usa en esas zonas y recuerda también a las obras clásicas. En muchas zonas la pincelada se aplica como si se estuviese dibujando, es decir queda el gesto del pincel marcado como si se trabajase dibujando a tinta.
Otro efecto, que no es único de estos pintores es el de dejar un pequeño halo sin pintar o más claro alrededor de los personajes, o alrededor de las zonas oscuras de primer término para que no se confundan sobre las zonas también oscuras del fondo. Evidentemente esto da mucha soltura a la pintura y elimina ese carácter relamido de algunas obras. Tampoco se aprecia que se hagan gradaciones de colores o mezclas complejas, la diferente intensidad de zonas claras frente a zonas oscuras en una misma zona es conseguida únicamente aplicando más o menos pintura. Donde hay menos pintura y se deja ver el fondo, obviamente es más claro; al lado con más pintura o un poco más espesa se tapa más el fondo y aparece más oscura.
Interesante, muy interesante. Sólo por estas piezas merece la pena el viaje. Continuamos el recorrido. Las formas orgánicas de Verbis se dejan entrever, pero eso es otra historia…