REAL O IMAGINADO.
¿La realidad exterior del mundo en sí, existe de verdad, o sólo cobra vida a través de un observador? ¿Cada observador crea un mundo a su medida, una realidad propia o es un mero receptor de información? ¿El mundo tiene entidad por sí mismo o es una proyección, el escaparate donde se construye una idea? ¿Hay naturaleza a nuestro alrededor si no existe el pensamiento humano?
La realidad que creemos conocer, la naturaleza que nos envuelve es una creación mental que laboriosamente hemos diseñado y que solamente es fruto de nuestros miedos, de nuestras limitaciones y del deseo de agarrarnos fuertemente a ideas que nos sirvan de punto de apoyo ante el abismo, ante la oscuridad de lo desconocido.
Tenemos la certeza de que algo existe a nuestro alrededor, intuimos la esencia, el alma de la naturaleza, pero necesitamos crear imágenes nuevas, diferentes. Es imprescindible dotar a lo primario de una nueva vestimenta, corregir su desnudez con normas impuestas por los sentidos. El cerebro humano no analiza la realidad como una computadora, sino que la transforma en una obra de arte. Modifica la ley física en torrente de sensaciones y crea una realidad plástica, un boceto difuminado.
Toda esencia es convertida a través de los sentidos en una meticulosa obra de arte. El ser humano no puede desprenderse de su creación, no hay huida posible, sólo el vacío de la oscuridad y el silencio, la muerte. Su obra le perseguirá mientras viva, su mundo fantástico, su creación, le condenará a sufrir mientras tenga aliento su pecho.
Imposible conocer la esencia, el alma, la verdadera naturaleza de la realidad sin el pensamiento creador del hombre. Nada para nosotros es puro, esencia, todo es imaginario, el decorado en el que escribimos y damos forma a nuestra interpretación del mundo.