Peñacorada desde las cárcavas de Pobladura, en Almanza. (30/09/2008).

Puede llegar a ser increíble la intensidad vital que me produce encontrarme dentro del círculo de cincuenta kilómetros alrededor de Peñacorada. La infancia, la experiencia única de un pueblo a la deriva y la naturaleza que se desborda borrando las huellas escritas por el hombre. Sensaciones y recuerdos de una primavera que se va, de un invierno que se acerca, de una tarde en las linares anunciando días oscuros. Tristeza en "la carrera", mientras suenan con cadencia lenta las campanas. Paseos en bicicleta hasta "las quemadas", una cacha, el botijo escondido y la maza dando golpes. El tiempo convierte la realidad en recuerdos. El tiempo cubre los recuerdos de una espesa y dolorosa niebla.

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