LA MEMORIA OLVIDADA.

 

 

   “Cuando trato de reflexionar sobre mi pintura y sobre el origen de los diversos elementos con los que juego en mis obras, elementos que tienen algo de hallazgos improvisados y en los que de manera reiterada se van reconociendo esquemas, imágenes y símbolos que se plasman en los cuadros con insistencia obsesiva, como recuerdos visuales anclados en el subconsciente, me siento ilusionado pensando que, tal vez, descubra algún profundo secreto, algún escondido ánimo en lo más recóndito de mi  conciencia que conceda un significado a mis actos. Pero al final, la desesperanza inunda toda tarea que trate de encontrar explicaciones a mi manera de pintar o de sentir, a delimitar las profundidades de la conciencia, o de encontrar el nexo de unión entre un quehacer plástico y la memoria olvidada.”

 

   “Cuando comienzo a trabajar no tengo ni la más ligera idea de lo que va a suceder, tengo un boceto previo, claro está. Tengo una iconografía coherente, que se construye sobre fondos transparentes o geométricos. Tengo una vaga idea de los caminos que quiero recorrer. Pero hay mucho de impulso y de dejarme llevar, algo de automatismo, aunque el resultado que observa el espectador pueda dar una idea diferente. La obra crece por si misma, se va desarrollando y nutriendo a medida que se autorrealiza. Al final nos podemos encontrar con una obra muy diferente a la idea original, una obra que va más allá de lo que se pretendía al comenzarla. Nuestras obras deben ir más allá de nuestra intención primera, y de hecho, así lo hacen, por que al crear vamos dando respuesta a matices que surgen de lo más profundo de nuestros recuerdos y que ni siquiera sabemos comprender. El artista debe dejar en sus obras señales, pistas, que después deben ser entendidas e interpretadas según la sensibilidad de quién ve la obra.”

 

   “El artista no debe alcanzar una conciencia excesiva de los mecanismos que generan su obra, el pintor sólo debe meditar pincel en mano. El desarrollo de la creación debe ser un proceso orgánico y natural, fruto del puro acto pictórico. Los logros de cada artista tienen que ser un enigma para él mismo. Debe introducirse en su obra de manera sigilosa, de tal forma, que ni él mismo se de cuenta de los avances realizados. La creación no se puede plantear marcando “objetivos” a conseguir, se trata de lograr, más bien, un “perfume” que lo inunde todo, un aroma que esté en todas partes, pero que no se sepa muy bien de donde procede.”

 

   “Los artistas tenemos mucho de farsantes, de actores. Lo que nos diferencia del resto de los mortales es que nunca hemos perdido la necesidad innata en el ser humano de emborronar una pared o cualquier superficie que encontremos a mano. En realidad nunca hemos dejado de ser niños. Quizás esa sea la idea y que todo se trate de un juego, mientras representamos la película de seres poseedores de recónditos secretos del espíritu.”

 

   “Comenzar una obra es una odisea fantástica en la que todos los logros conseguidos con anterioridad deben ser olvidados. Debemos tratar de dejarnos sorprender, que no nos reconozcamos, iniciar la andadura con la ignorancia y la incertidumbre de no saber hacia donde vamos, disfrutar de lo que nos vayamos encontrando por el camino observando todo con la magia y la emoción de quien descubre por primera vez paisajes y objetos desconocidos. Pintar es un juego divertido, una excursión por lugares nunca antes visitados. Cuando hayamos finalizado el viaje, todo lo que hayamos aprendido, lo olvidaremos. Necesitamos tener la mente en blanco para el próximo viaje.”

 

Almanza, febrero de 2003.

 

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