LA CASA SOÑADA.
El ser humano, en cualquier tiempo, ha pretendido imitar al creador, o, tal vez, él mismo ha querido ser como un Dios, de dimensión no infinita, pero capaz con su sobrada imaginación, de crear espacios y arquitecturas a la medida de su dimensión.
La casa soñada debe ser inmaterial, silenciosa, el lugar donde el hombre se encuentre con el recuerdo. Una casa no habitable, no habitada. Espacio no utilizable a no ser por los fantasmas de la memoria. La casa, espacio donde deberían habitar los cuerpos, pero donde sólo pueden existir los recuerdos. La casa que fue algún día y que de tanto recordarla se ha transformado en nostalgia.
Estas pinturas nos muestran la idea de casa construida en la delicada línea que separa la verdad de la magia, desplegando una iconografía figurada y creativa. Extraños mecanismos cargados de una movilidad estática. Complejas composiciones, trabajadas con colores potentes, cubiertas de elementos geométricos, se extienden sobre una textura o un color de fondo, dispuesto como una cortina. Cualquiera de los elementos parece contar una historia y, sin embargo, su geometría contiene la negación del cualquier rasgo literario.
La casa se nos muestra como un elemento estructural sobre el que se despliegan elementos plásticos, que se van repitiendo y alternando en todas las obras: rectángulos, cuadrados, círculos cubiertos de líneas concéntricas, triángulos, etc. Se nos presenta así un mundo planteado en líneas abstractas y bocetos volumétricos. Una obra cargada de geometría, de laberintos. Un reencuentro con la nostalgia de lo familiar, con el perfume de un sueño que se quedó en un recoveco de la casa.